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sábado, 4 de febrero de 2017

LA PRINCESA ENCANTADA.

Al igual que a las niñas nos hablan del príncipe azul, a  los varones también se les va inculcando desde pequeños la búsqueda de la “Princesa Encantada” que no es más,  que aquella mujer inteligente, chef, excelente ama de casa, pero también profesional, bella, muy familiar y simpática y así continua la lista de cualidades de la mencionada señorita.

Los adolescentes cuando ya están en su fase crucial, comienzan a revisar cual de las jovencitas cumple con el estereotipo que  tanto le sugirieron en su hogar. Y plas!! Encuentra su primer amor y al cabo de unas semanas comienza a darse cuenta que la persona que tiene a su lado no es la que “debía encontrar”... y así sucesivamente va pasando de relación en relación sin que ninguna compañera les satisfaga.

Quiero decir con esto,  que no debemos predisponer a nuestros hijos para que centren su atención en prototipos de personas, ya que eso podría incidir notoriamente en su vida emocional.

Ofrezcamos la orientación necesaria que implica el valor por el ser humano que compartirá con ellos su camino,  sin imponer “modelos” ni paradigmas sociales, demos la oportunidad de encontrar a esa persona que los haga sentir valiosos, que les brinde estabilidad emocional y sobretodo seguridad y amor que necesitan.


Mientras menos paradigmas y bloqueos tenemos en el camino, más libres seremos para elegir a aquella persona que complementará nuestras fortalezas y potenciará nuestras debilidades. 

MADRES SOBREPROTECTORAS.

Este tema me resulta muy fácil analizar ya que me autocalifico como “madre Sobreprotectora” Quizás cuando estaba iniciando la etapa de la crianza de mis hijos,  no reconocía el problema y sentía que solo eran simples cuestionamientos de quienes formaban parte de mi entorno, incluyendo a mi madre.

Hoy puedo asegurar con la mano en el corazón que padecí el “Síndrome de Wendy”. Ya que desde que asumí el Rol de Madre, hice todo lo posible por ser imprescindible en la vida de mis hijos, ya que mi rutina diaria y mi vida giraban en torno a ellos. Hacia todo lo posible para aislarlos del mundo real, no les asignaba responsabilidades del hogar, por considerar que yo podía hacerlo todo y así sucesivamente me fui cargando de tareas,  que ya no solo eran las mías sino las de ellos también.

Ser Madre sobreprotectora, implica apartarte de tu vida, dejar de ser tú y vivir a través de tus hijos. En mi caso particular, afortunadamente mientras vivía ese proceso de crianza de mis hijos, trabajaba y estudiaba, quizás eso me hizo reflexionar acerca de ese  amor impresionante hacia ellos y prestar atención a mi futuro profesional y que esto obviamente redundaría en beneficio de ellos. Es allí cuando comienzo a reconocer mi “patología emocional” e inicio a hacerme consciente que ellos eran también hijos de la vida, que podía continuar brindándoles este gran amor en cada uno de los momentos de su vida,  pero de manera moderada y guiando sus pasos a través de la comunicación.

Así pues, nuestras reflexiones sobre cada una de las cosas que vivíamos diariamente eran extensas, preguntas y respuestas se convirtieron en nuestras mejores aliadas y así fui guiando sus vidas hasta convertirlos en grandes hombres, responsables, fuertes en sus valores y creencias, analíticos de las situaciones de la vida cotidiana, seguros de sí mismos y sobretodo,  establecimos un lazo de amor como familia que es impenetrable.

Hoy puedo afirmar con convicción que el amor hacia nuestros hijos les fortalece como seres humanos, los hace hombres y mujeres de bien y lo que se denomina sobreprotección no es del todo dañina, si está acompañada de orientación, de comunicación y sentido común hacia las vivencias rutinarias.


Te invito a convertirte en la mejor amiga de tus hijos,  sin que ello te aparte del rol de Madre,  ya que eres tu quien le marcará el mejor camino al que ellos puedan enfrentarse y por supuesto,  deja que ellos decidan si tus consejos son los más cónsonos con sus proyectos futuros.